domingo, 7 de enero de 2018

EL NARRADOR

¿Desde cuando tengo la afición escribir?, realmente no lo recuerdo. Tengo carpetas llenas de relatos desde que era una cría pequeña. Y los que no están es por que me los inventaba sobre la marcha y se los contaba a mi amiga imaginaria. Siempre he tenido mucha imaginación tanta que adoro perderme en ella y creo que esa es la razón por la que escribo. Para perderme en mis fantasías.
Cuando el blog estaba en pañales ni se me pasaba por la cabeza poner nada mio. Yo no se escribir, junto letras y algunas veces queda bien. Pero en su inmensa mayoría no es demasiado bueno.
A medida que iba redactando las reseñas todo el mundo me decía que para mejorar seria bueno que la gente leyera lo que escribo. Así tendría diferentes opiniones y correcciones ortográficas, que dios sabe que me hacen mucha falta. Después de darle mil vueltas he decidido hacerlo.
Se que voy a morir de vergüenza, pero quien no arriesga no gana nada.

SINOPSIS: Me llamo Sara y soy enfermera.
No muy diferente de las miles de enfermeras que existen en cualquier parte del mundo y llenan las colas de las oficinas de empleo.
Lo único que de vez en cuando hago las cosas meditándolas poco, muy poco la verdad. Y como no se estarme callada acabo metida en jaleos de proporciones astronómicas la mayoría de las veces. Quien iba a decirme a mi que mi lengua afilada y mi mala leche me iban a cambiar la vida como lo hicieron.
Fui buscando como solucionar mi vida en España y acabe complicándola aun más en Escocia.




CAPITULO I

- Mamá, por favor deja de llorar, solo me voy seis meses a trabajar fuera. El teléfono está apuntado en este papel pinchado en el corcho de la cocina. Si necesitas algo urgente me dejas un mensaje  de whatsapp. Sino esperas que venga Javi y me llamas por Skype.

Llevaba ensayando este discurso toda la semana, sabía que mi madre era una drama queen de cuidado, pero esta vez iba a batir su récord mundial.
Me marchaba a trabajar a Inglaterra, para ser más especifica a la verde Escocia.
Me facilitaban casa y pagaban dietas. En seis meses ganaría casi tres veces más que en España quedándome sin vacaciones, doblando turnos y haciendo suplencias durante todo el año.
Los dos últimos años se habían convertido en un verdadero calvario, España no tiene sitio para tantas enfermeras paradas. Después de patearme hospitales, residencias y presentarme a oposiciones las cosas no mejoraron. Cuando perdí mi plaza de interina en la maternidad me quede con una mano delante y otra detrás. Viviendo en casa de mi madre de nuevo y sin un duro en la cuenta corriente.
Vicky siempre me estaba intentando convencer para buscar otras cosas fuera de mi zona de confort, es decir, en el extranjero. Mi nivel de ingles era decente, gracias a horas y horas dictando los textos para su trabajo. Y lo cierto es que algunas compañeras contaban maravillas de las condiciones y los sueldos. Necesitaba trabajar con urgencia y no parecía tan mala opción.
Abrí el portátil, cargue varias paginas de contratación de personal en el extranjero recomendadas por algunas compañeras y deje mis datos. A los quince días recibí la llamada, una mujer con un encantador acento británico preguntaba por mi.

- Buenos Días, ¿Sara Villa Porticel, por favor?
- Dígame, soy yo

El corazón empezó a latirme a mil por hora. Sudando como si estuviera en una sauna.

- Buenos días, Miss Villa le llamamos de British Medical Services. Hemos recibido su curriculum y estamos interesados en hacerle una entrevista.
- Genial, ¿que día les viene bien?

Acordamos la cita para el Miércoles de la semana siguiente. Sería una entrevista en inglés con enfermeras y médicos. Temblaba como un bloque de gelatina mientras dejaba un mensaje a Vicky.
Era probable que estuviera ocupada como casi siempre pero sino me desahogaba me daría un infarto.

- La que has liao pollito XDD me veo tomando el te de las cinco
- ¿¿??

Estoy por apostar a que me estaba escribiendo a escondidas de la bruja de la supervisora.

- Me han llamado los ingleses Vicuchi
- DPM :***

Por la tarde quede en la taberna de Paco con todo el grupo, había que contarles las noticias. Burrada tras burrada de Luis, acompañadas de los ataques de tos de Javi atragantándose con la cerveza y las carcajadas de Vicky me fui relajando. Algunas veces tienes que dejar que tus miedos salgan para darte cuenta de los amigos que te arropan y te ayudan a seguir adelante.
De momento no quería hacerme ilusiones, probablemente me tiraran en la primera entrevista y no volvería intentarlo en ningún otro sitio. No era lo que se dice demasiado valiente.
Durante esa semana mis nervios fueron de mal a peor. Una mañana mientras ayudaba a la Tía Rosa en la tienda, tras tirar varios cajones de hilos no pude contenerme más y se lo conté.
Ella siempre era de las muy echadas hacía adelante, en el pueblo fue una de las primera mujeres en emigrar, pese a las reticencias de los abuelos. Le costó muy poco entender como me sentía. Papa y ella siempre eran mis mejores consejeros. Con la conciencia tranquila el día fue mucho mejor, cerramos la tienda y nos marchamos a casa deseando encontrar el momento de contarle a mi madre.
La cosa prometía ser agotadora porque se dejaría llevar por el drama. No necesitaba una bola de cristal para imaginarme lo que sucedería.

El Miércoles de la entrevista estaba tan nerviosa que mi cuerpo decidió el orden en el que iba ha hacer las cosas. Primero vomitar, seguir vomitando, ducharme y nada de desayuno. Un par de ansiolíticos después cogia el autobús dirección al Paseo de la Castellana.
Llegue donde me harían la entrevista media hora antes de los previsto, la oficina estaba en uno de esos edificios llenos de ventanas, altos y oscuros que bordean el paseo hasta Plaza de Castilla.
Subí a la tercera planta, entre en la sala de espera y me encontré con al menos otras cinco chicas esperando. Algunas parecían muy jóvenes, eran como pequeñas ardillas deseando correr detrás de los trabajos, recién salidas de la escuela de enfermería. Otras con demasiadas suplencias encima tan cansadas como yo de esperar algo decente que te permitiera vivir y sacar a tu familia adelante sin ahogarte en el intento.
Sobre la hora marcada una secretaría vestida con puro estilo británico se asomo a la salita, sacó una lista y comenzó a llamar a gente, dijo mi nombre en alto.

- Miss Villa. Follow me

Noté cómo el estomago se volvía contraer amenazando con repetir la actuación estelar de por la mañana, me obligue a tragar la bola de nervios que pujaba por salir y di un paso al frente notando el temblor que me subía por los tobillos. Seguí andando por el pasillo mientras en mi cabeza sonaba alto y claro el saludo de los gladiadores en el circo. De allí salia con trabajo si o si.
No se si efecto de los nervios o de que, pero la prueba salio mejor de lo que esperaba. Al menos en la primera parte, donde uno de los dos entrevistadores nos exponía casos prácticos y quedaron bastante satisfechos. El segundo entrevistador parecía agradable, su tono de voz tranquilo y sosegado te hacía confiar en él. Colocó delante mío una serie de opciones de trabajo para informarme de los diferentes destinos que me adjudicarían si era seleccionada. Salí más esperanzada pero muerta de miedo. Tenia un cincuenta por ciento de posibilidades de salir bien, sino de perdidos al río, siempre me quedaría el paro y volver loca a la señora de la bolsa todas las semanas.

En Junio, todavía sin noticias de ningún trabajo ni aquí ni fuera pasaba gran parte del día ayudando en la mercería. Por lo menos era tiempo que no invertía en subirme por las pareces como la niña del exorcista. Papá decía que mi madre era una autentica reina de la telenovela y no se equivocaba.
Para ella hacer un melodrama de cualquier cosa era pan comido, podía imaginar el desastre que se avecinaba en casa cuando se enterara de que su única hija iba al extranjero a cuidar de un extraño.
Llegamos a casa a medio día, sobre las dos de la tarde, iba reflexionando en como darle la mala noticia sin que el drama nos llevara parte del día. Pero se me estaba haciendo muy complicado.
Mientras preparaban la comida, Javier llego a casa, como cada tarde entraba con sus llaves.
Trabajaba de abogado en un pequeño bufete llevando temas legales a las pequeñas empresas del barrio. Cuando término la carrera, su amigo Carlos y él montaron Abogados para el Barrio Álvarez Rubio. La mayoría de las veces eran más una ONG que un negocio rentable, pero siempre hacían algún trabajo que les aportaba beneficios y con eso iban pagando las facturas.
Vivíamos puerta con puerta de toda la vida. Y desde que su madre murió la mía le tenía adoptado como si fuera su segundo hijo. Nos hubiera salido más a cuenta juntar las casas tirando el tabique del salón por que pasaba la mayor parte del día con nosotras.
Deje el móvil sobre el aparador de la entrada, como siempre cuando llegaba a casa, cuando comenzó a sonar insistentemente deje de respirar, me quede congelada en el sitio.
Javier salto por encima de los cojines del sofá y atendió la llamada. Me dio el móvil, casi se me cae de las manos. Diez minutos más tarde colgué con una oferta de trabajo, una cita para una entrevista con la familia y un tembleque que necesitaba unas tilitas bien cargadas y un tranquimazin.

- ¿Que?
- Comprarme un chubasquero que me voy a Escocia

Justo cuando terminaba la frase mi madre entraba al salón con la fuente de ensaladilla para la comida. La dejaba sobre la mesa y con el dedo levantado se disponía a liarla parda.

- Sara Maria, ¿espero que no haya escuchado que te vas a Escocia de vacaciones?,
¿nos  dejas a la tita y a mi solas?

Genial, se avecinaba tormenta, había usado mi nombre completo, la cosa se iba a poner muy divertida

- Voy a trabajar, seis meses. En Septiembre empiezo.

Comenzó a llorar a lagrima viva, como si en vez de ser trabajo tuviera una enfermedad terminal.
Tía Rosa chillaba para que dejara el drama. Y el pobre Javier, como siempre, intentando apagar los fuegos sin mucho acierto, como casi siempre.
Al poco rato nos dimos cuenta de que la comida se había estropeado sobre la mesa. Mi madre desaparecía en su habitación cumpliendo la promesa de no hablarme jamás. Podía haber sido peor, la ultima vez dejo de hablarme por toda la eternidad. Una verdadera Drama Queen de Villa de Vallecas dando por terminada su actuación.

Cuando llego el mes de vacaciones parecía que el enfado se le había pasado un poco, pero mi madre era de las que ni olvidaba ni perdonaba con facilidad.
De toda la vida, Julio lo pasabamos en el pueblo de mama entre montañas y mar, con lluvia y días grises. Lo que viene a ser un típico día de verano asturiano.
Y algo me decía que que debía de acostumbrarme a ese clima rápido. Todo lo que encontraba del clima de las Highlands era frío,viento y agua.
Aunque era inevitable encontrarte referencias a series, novelas y películas antes que al clima cuando ponías Escocia como campo de búsqueda.
Supongo que para Diana Gabaldon narrar la historia de Jamie y Claire había sido más divertido que hacerlo sobre las aventuras de una enfermera buscando trabajo en Escocia.
Así que deje el tratado de manejo del highlander porque entre curas y tratamientos no creo que tenga demasiado tiempo para encontrar un escoces guapo. Aunque nunca se sabe, lo mismo se queda libre James McAvoy. De ilusión también se vive.

A principios de Agosto volví a Madrid, dejé a la drama queen con la tía en La Caridad disfrutando del fresco asturiano para que terminara de asimilar el cabreo.
Necesitaba hacer todos los preparativos sin el continuo estrés de sus quejidos lastimeros por que la abandonaba. Recibí el contrato por correo electrónico y las condiciones laborales eran realmente buenas, iba a cobrar en seis meses más que en todo un año de sacrificios en España.
La agencia envió un correo con todos los datos de la familia para concertar una entrevista por Skype.
Seria algo informal para conocer a los hijos de mi paciente.
El 26 de Agosto a las 17 horas en Escocia, 16 horas en Madrid la familia Grant comenzaba a ser mi dolor de cabeza.
Al descolgar la llamada la imagen de una chica rubia de ojos verdes sonriendo me dejó desconcertada, se presentó como Olivia Grant. La hija mayor. Parecía simpática y franca, me indicó todo lo referente a mis funciones en la casa. Cuidaría de su padre en lo referente con temas médicos, aseo y ayudas en la fisioterapia.
Pasados unos minutos escuche como la puerta de la habitación se abría, al retirarse Olivia su lugar lo ocupó su hermano menor. No era mucho mayor que yo, moreno con barba y más interesado en los papeles que tenía delante que en la entrevista. Apenas levantó la mirada. Parecía más tieso y seco que un palo de escoba. Cuando considero terminada la conversación colgó sin más.
Me dio la impresión de que para él tan solo había sido un tramite. Algo que le traía sin cuidado y necesitaba terminar rápido. Que poco encajaba en esta familia.
Javier levanto las mano con un gesto de interrogación mientras sonreía como solo sabia hacer él.

- ¿Opinión de tus jefes?
- Creo que en dos meses me vuelvo. No encajo en esa familia.

Mis jefes no me daban miedo, lo que me daba pánico era estar huyendo de los problemas. Huía de Raúl y sus recuerdos que eran como una sombra permanente, escapaba de mi falta de trabajo, de sentir que era una carga en casa, y sobre todo intentaba ahuyentar la sensación continua de estar perdiendo mi vida sin hacer nada para evitarlo. Necesitaba cambiar todo para empezar de cero.
Marcharme lejos no aliviaría la soledad pero me ayudaría a verlo desde otro ángulo. Y afrontar la vida con otra actitud, quizá después de verla en la distancia, perdería el miedo a vivir de nuevo.
Con todo finiquitado solo me quedaba hacer las maletas. El billete lo envió Olivia una semana antes. Si nada lo impedía el día 1 de Septiembre empezaba mi nueva vida.
Iba a ocuparme de un paciente de setenta y cinco años con fracturas de pelvis y cadera, la caída de un caballo meses atrás le había transformado en un lego de titanio con mal carácter.
Más adelante comprendí por que estaba en casa y no en un centro de rehabilitación. Según su hija podía ser obcecado, mal hablado y con mucho carácter pero bueno y agradecido si se le trataba con mucha mano izquierda. Y si algo se perfecciona en España cuando tienes muchos pacientes y poco tiempo es exactamente esa habilidad.

Mi vuelo despegaba de Barajas a las once, a las seis estaba levantada, atacada de los nervios. Llevaba dos maletas grandes y pesadas con muchos por si acasos. Las guías de viajes insistían que allí el tiempo era irreprensiblemente frió en cualquier época del año.
Probablemente un militar de maniobras llevara menos bultos que yo.
Sobre las ocho sonó varias veces el timbre de la puerta. Todos mis amigos entraron al salón en tromba, agarraron una maleta o un bulto y fueron bajando hacía el coche.
Javi cogió la más grande y casi se cae de boca, supongo que pagaría mucho exceso de peso cuando pasara por facturación. En la mochila de mi portátil no cabía ni un alfiler pero la tía se empeño en meter a presión una agenda con los teléfonos de sus amigas en Londres, solo en caso de emergencia si necesitaba salir de allí. Si algún incauto auxiliar de vuelo abría la bolsa seguro que perdía el vuelo.
Llegamos con el tiempo justo para facturar. El atasco de todas las mañana parecía que se empeñaba en darle la razón a mi madre que con su cabreo monumental fue refunfuñando todo el camino.
Cuando deje la ultima maleta sobre la cinta de equipaje fue cuando todos fuimos conscientes de que me marchaba a casi 3.000 km de casa. Rompimos a llorar, pero drama queen intento hacerlo mucho más alta que el resto, mientras me abrazaba insistía en que comiera mucha fruta y verdura por el tema de la vitamina D y la falta de sol.

- Mama es Escocia no Laponia, tienen poco sol pero algo tienen.
- Sara no me lleves la contraría que he mirado en el ordenador

Entre lagrimas, llantos e hipos saco unos kleenex del bolso y se sonó la nariz haciendo todavía más teatro después con uno de sus grande suspiros.

- Menudo drama, si solo son seis mesecitos y te llamare a diario, ¿quieres?
- No quiero que me llames, quiero que te quedes. No necesitamos que te marches fuera a trabajar no somos tan pobres.
- mama no me hagas esto. No solo es para ayudaros es porque necesito irme lejos, aquí me estoy ahogando. Ya sabes por que.
- Hija, pues te vas a Galicia con los primos o llamo al pueblo para que Lourdes mire si te pueden coger en el Hospital del Jarrio. Así no te vas tan lejos.

En ese momento todos me rodearon en un batiburrillo de brazos, manos y cabezas. Si dejaban a mi madre seguir hablando podría llegar a convencerme.
Subí al avión con un nudo en el estomago, los ojos aguados por que no quería llorar delante de todos y muerta de miedo. Pero en ese momento escuche la voz de mi padre, desde mis recuerdos me daba ánimos y me gritaba.

- Quien dijo miedo, mi niña adelante, valiente.

Trague saliva, contuve las lagrimas y con paso firme puse rumbo a mi destino.









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